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Martes, 06 Marzo 2012 11:31

El triunfo de los hacedores de sueños

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Evento: Vetusta Morla en el Nuevo Teatro Alcalá (Madrid)

Fecha: Lunes 5 de Marzo de 2012


Madrid se rinde, una vez más, a los pies de unos magníficos Vetusta Morla.

Una conocida calle madrileña. Un teatro con capacidad para más de 1200 almas. Asientos rojos. Brillos dorados. El reloj marca las nueve. La megafonía anuncia que va a comenzar el espectáculo. La gente sigue entrando, mientras el resto espera impaciente que comience el sueño. El silencio se va apoderando de la sala. Las luces se apagan y un intenso foco blanco ilumina el centro del escenario. Comienza la magia.

Pucho y Guille salen solos, sin micros, únicamente unos dulces acordes y una voz auténtica. Pequeño desastre animal deleita los oídos de los asistentes. Un comienzo distinto teniendo en cuenta que los conciertos eléctricos de la gira de Mapas siempre empezaban con Los días raros, esa complicada canción de siete minutos que ha acabado convirtiéndose en imprescindible. Pero en ese momento nadie recuerda nada, sólo siente.

vmSeguidamente otra sorpresa, Los buenos, inédita, un lujo para los auténticos fans, incluso alguien del público comenta que es su favorita. Autocrítica y Mapas aumentan poco a poco el ritmo. El acústico mantiene embelesados a todos los presentes. Pucho comenta que no podían quedarse sin presentar ese formato en casa, aunque hubiesen estado recientemente, en sus ya famosas cinco Rivieras. Los que estamos delante no podemos hacer otra cosa que agradecer que hayan hecho un pequeño hueco en sus apretadas agendas.

El camino de Baldosas Amarillas nos introduce todavía más en el mundo de Vetusta Morla. Pucho pide que todos coreen con ellos un “oh” con todos esos matices que sólo él sabe darles, el resto simplemente obedece.

La Maldita Dulzura nos invade y Al respirar intentamos recobrar el aire. Entre todos formamos un Escudo Humano que inevitablemente se rinde a sus pies.

El clásico bidón es sustituido por un bombo en la siguiente melodía, mientras Pucho dice que todavía no es tiempo para la metalurgia. En el río cobra una nueva dimensión, ese single que nos dio a conocer su último disco se transforma hasta dejar maravillados a los presentes. Si algo queda claro es que no es el clásico acústico, los miembros del grupo son expertos en reinventar sus canciones. Una más, Rey Sol y los seis se levantan, es la hora de coger las guitarras eléctricas y darle ritmo a la batería.

Canción de vuelta, Boca en la tierra, Un día en el mundo y Copenhague se suceden. En La marea, Pucho le hace señales a Juanma para que alargue la melodía. Están entregados y los asistentes también. La gente no puede estar quieta, la música ha invadido sus cuerpos y es difícil mantenerse sentado.

Entre canción y canción, Pucho sigue animando y pregunta cómo se encuentran los presentes, una voz contesta: Gozando. Expresión que refleja a la perfección lo que en el fondo todos están sintiendo.

En Cenas ajenas, algunas personas no aguantan más y se levantan. Alguien dice que “cuando vienen a quitarnos las sillas”, en ese momento sólo hace falta una palabra de Pucho y todo el teatro se pone en pie. Sálvese quien pueda, Valiente y El hombre del saco, cuando por fin el bidón hace acto de presencia para ser aporreado por Pucho que no puede evitar hacer referencia a las agresiones policiales que han sufrido los manifestantes recientemente.

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Se despiden momentáneamente y a su vuelta podemos disfrutar de un nuevo comienzo: Los días raros, con una ligera variación en la letra, “Ciérralos, ciérralos despacio”.

El fin se va acercando, pero todavía queda un poco más para soñar. Lo que te hace grande, nos hace pensar en todo eso que les hace grandes a ellos y en cómo han sido capaces de conseguir que se agotaran las entradas en sólo dos días. Pucho, Guille, Juanma, David, Jorge y Álvaro son únicos, los presentes lo saben, lo sienten.

La apoteosis llega con La cuadratura del círculo y su crescendo final. La gente salta, grita, baila, se podrían quedar horas y horas disfrutando de Vetusta Morla, alguno incluso se quedaría a vivir en un concierto suyo, pero no hay más. Cómo todo lo bueno en la vida, tarde o temprano tiene que acabar y tras dos horas es momento de despertar y volver a la realidad.

Por Natalia Márquez @nataliamc

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