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Martes, 20 Septiembre 2016 10:03

The New Raemon en Live The Roof Sevilla: “Aunque me vistas de negro…”

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(…) seguiré siendo de pueblo” decía el propio Ramón en “Fuera Complejos”. Justo así fue, de riguroso negro, a juego con su humor, como se presentó en la azotea del Hotel Inglaterra de Sevilla el pasado jueves. Sencillo, divertido, tímido y cercano, The New Raemon protagonizó una noche memorable dentro del ciclo de conciertos acústicos Live The Roof.

Si aún no habéis visitado las alturas de este establecimiento hotelero, la visión en 360 grados que ofrece el escenario situado en el tejado parece más un croma que otra cosa. La Catedral de Santa María de la Sede de fondo, las campanas del Ayuntamiento haciendo los coros y el casco histórico omnipresente como solución de continuidad. A eso hay que sumarle una luna casi llena alumbrando las primeras horas de oscuridad y el apetito de los presentes por disfrutar de la proximidad del cantautor.

Sin mediar palabra, enganchó “Una historia real”, “Oh Rompehielos”, “Reina del Amazonas” y “El Yeti”, todas ellas pertenecientes a su último trabajo, que interpretó casi al completo. Con Javi Vega como escudero y soporte del repertorio, Ramón se empeñó una y otra vez en restarle importancia a su labor con tono jocoso. “Son tres acordes” -apuntilló sobre una canción- o “ésta ni siquiera es mía” como suele recordar con la aclamada “Te debo un baile”. Pero lo cierto es que cada vez que elevaba su identificable voz al aire, el alma se nos encogía un poquito. Y eso sí que no lo consigue cualquiera.

Poco más que sus cualidades vocales -y la maestría del bajo de Vega- necesita Ramón Rodríguez para mantener una intensidad lírica que prosiguió con “Quimera”, “Mientras sea intruso” y “Al margen”. Tan frágil resultaba el momento que hasta al público le costaba cantar en alto unas letras que, a tenor del movimiento de sus labios, sabían de memoria. El aullido de “Desencuentros” dio paso a “Lo bello y lo bestia”, una de nuestras favoritas. Al fin y al cabo, ¿quién no necesita gritar de vez en cuando aquello de “algún día de estos me voy a alzar y voy a reventar”?

La pausa nos dejó algo de ligereza y más buen ambiente con “La Cafetera” y “Sucedáneos”, para acabar repitiendo como un mantra ese “hay que salir, hay que salir” de un corte redondo como “El Refugio de Superman”. Sin Vega sobre el escenario interpretó el vals de “Te debo un baile”, antes de “Estupendamente” y “Elena-na”, la única canción que ha compuesto tras “echar un kiki”, aclaró entre risas.

Con la vuelta de Javi llegó el final para el que Ramón tenía preparado un karaoke colectivo de “Tú, Garfunkel”, que incluyó imitaciones, jolgorio y el acercamiento de los sedentes espectadores. Con una sonrisa pintada en la cara vimos bajar sus sempiternas Martens de las tablas, agradeciendo que ese dolor tan familiar que transmite nos dejara buen sabor de boca. Porque no todos los finales han de ser tristes y, en cualquier caso, lo del pasado jueves tampoco fue realmente un final.

 

Por Elena Gato

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