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Martes, 26 Julio 2016 11:13

Polifonik Sound: la magia de los festivales pequeños

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Los días 24 y 25 de junio se celebraba en Barbastro la 9ª edición del Festival Polifonik Sound superando todas las expectativas de la organización. Y es que el éxito absoluto de participación quedó demostrado desde el momento en el que, por primera vez, el festival colgaba el cartel de sold out antes de su celebración, consolidándose así como uno de los mejores festivales de música independiente en Aragón.

Viernes 24

A medida que avanzaban las horas, y pese al calor sofocante, el cielo de Barbastro se cubría de unos nubarrones negros que hacían presagiar que, la del viernes, no iba a ser una jornada tranquila. Los rayos amenazantes que nos acompañaron a nuestra llegada al recinto tampoco parecían indicar nada bueno. Sin embargo, y para la suerte de todos, al final todo quedó en una simple tormenta de verano y la música y las ganas de disfrutar de ella fueron las claras vencedoras de esta primera jornada.

La tarde arrancaba con la actuación de Domador, a los que sólo conseguimos escuchar de refilón mientras accedíamos al recinto. Tras ellos, estrenando el escenario Huesca la magia de los festivales, llegaba el turno de Pull My Strings. He de reconocer que pese a mi escepticismo inicial, los de Lleida consiguieron convencerme. Y es que tras una primera escucha del disco, que me dejó algo fría, el potente directo de la banda terminó sorprendiéndome positivamente.

Con algo de retraso, debido a la lluvia, Rural Zombies se subían al escenario Ambar para presentar “Bat”, su aclamado álbum debut (publicado el pasado 2015) demostrando que son una banda con mucho futuro. El baile de horarios provocado por la lluvia supuso algunos momentos de confusión tras los cuales acabamos llegando a Mucho con la actuación ya empezada. Con un panorama no demasiado alentador (pese a que el público iba en aumento), los presentes disfrutamos de lo lindo de la actuación de los toledanos que, con la excepción de ‘Grupo Revelación’, basaron su setlist en su último trabajo “Pidiendo en las puertas del infierno”. Un disco repleto de sintes y que, sin duda, invita a bailar. ‘Nuevas ruinas’, ‘Los amantes no olvidan’ o ‘Fue’ son algunos de los temas con los que Mucho consiguieron meterse al público en el bolsillo.


Belize fueron los encargados de devolvernos la paz tras la euforia provocada por la actuación de Mucho. Aunque el público estaba más pendiente del reloj (por si empezaban Izal) que de la actuación de los de Pamplona, la banda demostró tener un directo cautivador.

Ahora sí, llegaba el plato fuerte de la noche: Izal. Y con ellos mi indignación aumentaba por momentos. Y es que, pese al sold out, la presencia de público durante la jornada había sido más bien discreta. Eso sí, en el momento de arrancar con el directo de Izal no cabía un alfiler dentro del pabellón que albergaba el escenario Huesca. Y ojo, que me alegro por la banda, pero es una pena que con un cartel tan cuidado como el del Polifonik, repleto de propuestas interesantes y bandas noveles que rebosan talento y a las que merece la pena descubrir y dejarse atrapar por ellas, al final, la gente se deje llevar por lo siempre: ritmos resultones y unas letras asumibles que acaban haciendo de la música algo benévolo. En fin, que Izal dieron un concierto correcto (tampoco tuve la sensación de que salieran a dejarse la piel sobre el escenario) dónde no faltaron ninguno de sus clásicos como ‘La mujer de verde’. Salieron, actuaron y dejaron al público tan extasiado que, la mayoría, decidieron abandonar el recinto tras finalizar el concierto demostrando una vez más (y lo digo desde el respeto) que al público de este país le falta todavía mucha amplitud de miras e inquietud por ir más allá de esos grupos que nacen ya orientados para triunfar en los festivales.

Los que nos quedamos con intención de aguantar hasta el final pudimos disfrutar del show de Delorentos. La banda irlandesa (y única internacional del cartel) interpretó algunas de sus canciones como ‘Forget de numbers’ o ‘Show me love’ con las que nos hicieron bailar hasta terminar empapados en sudor. Nos regalaron, además, una versión de ‘Dancing in The Dark’ de Bruce Springsteen que hizo las delicias de los seguidores de “El Boss”.

El punto y final (en cuanto a conciertos se refiere) lo ponían Grises que repasaron parte de su discografía incluyendo temas de ambos trabajos. Su directo, fue una demostración de cómo la banda ha crecido sobre los escenarios y de cómo, poco a poco, ha ido creándose un público fiel que corea sus canciones de principio a fin haciendo temblar la pista. La encargada de hacer bailar a la muchedumbre hasta el final fue Eme DJ. La madrileña estuvo pinchando éxitos hasta que, el sol, nos hizo salir huyendo y agotados en busca del refugio de nuestras camas.

Sábado 25

La jornada del sábado amanecía de nuevo calurosa y soleada. Tras reponer fuerzas con un desayuno de campeonas, nos acercamos a la plaza del Museo Diocesano dónde tenía lugar la Polifonik Sound Dj’s Party, una de las novedades de esta edición. En este caso, la BSO corría de la mano de aquellos intrépidos que se atrevieron a ponerse al mano de los platos. Y aunque, de entrada, la idea era buena, el sol y el intenso calor que caía a esas horas sobre el casco antiguo de Barbastro fue demoledor dejando la fiesta un tanto deslucida.

Ya por la tarde, Pianet daba el pistoletazo de salida a esta segunda jornada sobre el escenario Ambar ante los pocos valientes que nos atrevimos a hacer frente al sol y al calor sofocante. El tinerfeño y su banda no sólo aguantaron estoicamente toda la actuación (algo por lo que aplaudirles) sino que además ofrecieron uno de los mejores conciertos de todo el festival superando todas las expectativas que teníamos antes de llegar a este. A medio camino entre la música landscape, el folk y el pop melódico, Pianet ofrecieron una actuación repleta de bases orgánicas en la que presentaron “Watercolor” (Warner / December, 2016) dejándonos a todos prendados de su voz y sus melodías. ‘My Generation’ o ‘Sunshine’ fueron algunas de las canciones que sonaron la tarde del sábado convenciéndonos de que a Pianet le aguarda un futuro prometedor. Ojalá el del Polifonik haya sido sólo el primero de una larga lista de conciertos en los que poder disfrutar de Pianet.

A Pianet, le siguieron My Expansive Awareness y su rock psicodélico del que no pudimos disfrutar ya que, en ese momento, nos encontrábamos en la zona VIP del festival aprendiendo (o al menos intentándolo) algo sobre vinos gracias a la cata organizada por la buena gente de Somontano (#postureo). A los que si disfrutamos (¡y no sabéis de qué manera!) fue a Los Bengala. El dúo más canalla del festival hizo gala de su rock’n’roll más garajero convirtiendo el Polifonik en un torrente de energía arrollador del que nadie pudo escapar. Y es que lo de estos chicos es algo fuera de lugar. De hecho, muchos todavía nos preguntamos cómo es posible armar tanto ruido siendo solamente dos músicos sobre el escenario.

Los focos se encendían sobre el escenario principal para dar paso a una de las mejores bandas que tenemos actualmente en este país: Egon Soda.

Bisontes en llamas que corren, son tus palabras que nunca se paran. Bisoña mesías de barro, te enfrentas al mundo desnuda armada con tu piel.”

(El cielo es una costra)

Entiendo que empezar un concierto con estos versos (los mismos que suenan al inicio de “Dadnos precipicios”, su último disco) no es algo que todo el mundo pueda asumir. Pero lo que no entiendo, ni creo que pueda entender jamás, es lo infravalorada que está esta banda. Suerte que los catalanes, pese a tocar ante un público más bien escaso, salieron, como hacen siempre, a dar el 100% de ellos. ‘La manada’, ‘Cáliban & Co.’ Y ‘Escápula’ fueron algunos de los nuevos temas que presentaron sobre el escenario Huesca. Tampoco faltaron los clásicos de su anterior trabajo, ‘Vals de pequeña mecánica’, ‘Lorem Ipsum’ o ‘Suite #7’ en un concierto que muy pocos supimos apreciar. Y es que, en la música, no sólo vale con estar, también hay que sentir. El broche final corría a cuenta de ‘Reunión de pastores, ovejas muertas’, para la cual contaron con la presencia/colaboración de algunos amigos: Gonçal Planas (Mi Capitán) y Álvaro y Sergio de Miss Caffeina (se echó de menos a Martí Perarnau, que justo había estado sobre ese mismo escenario la noche anterior). Terminaba así la actuación de Egon Soda mientras, dentro de mí, se batían en duelo la euforia del que ha disfrutado de un buen concierto y la indignación del que no comprende porque el público no es capaz de apreciar las cosas buenas de verdad.

A golpe de guitarra se presentaron Sexy Zebras en el escenario Ambar dispuestos a hacer bailar incluso a los más tímidos. Con algún que otro problemilla en el sonido, los madrileños consiguieron hacer temblar hasta los cimientos del recinto ferial. Sudar, sudamos. Y disfrutar, también lo disfrutamos. Tras ellos, nada mejor que la actuación de L.A. para bajar las pulsaciones. Luis Alberto y los suyos salieron al escenario a hacer lo que mejor se les da: derrochar calidad. ‘In the meadow’, ‘Over and over’, o ‘Ordinary lies’ fueron algunos de los temas con los que la banda volvió a enamorarnos. Sin duda, la apuesta por los mallorquines fue otro de los aciertos del festival.

Sobre la una de la madrugada, los planetas se alineaban, ¡por fin!, para que pudiera disfrutar de Miss Caffeina a los que, tras varios intentos fallidos, todavía no había podido ver en directo en esta última gira. Los chicos supieron aprovechar muy bien el tiempo establecido con un setlist basado, sobre todo, en su último trabajo, “Detroit”. La escenografía y el sonido de la banda demuestran que estos chicos ya no tienen nada de emergentes. El de la otra noche fue un concierto para bailar, disfrutar y desmelenarse.



De Cycle poco puedo contaros ya que, tras el concierto de Miss Caffeina, mis recuerdos se vuelven algo borrosos. Lo que sí puedo aseguraros es que el cierre del Polifonik Sound con ElyElla fue, sin duda alguna, el mayor de todos los aciertos (festivales de España, todos deberíais cerrar con ellos). Y es que el poder que tienen esta pareja de DJ’s tan peculiar a la hora de hacer bailar al personal es infalible. Hubo hits, hubo baile, conga y hasta confeti y serpentinas. Y a las seis, tras sonar la última canción y encenderse los focos, hubo tristeza, bajona y muy pocas ganas de irse a dormir.

No sé a vosotros, pero sin necesidad de grandes lujos y artificios, a mí el Polifonik Sound ya me ha conquistado. Porque las cosas, si están hechas con cariño e ilusión, no necesitan mucho más. ¡A por el décimo aniversario!

Por Bitta, @SorBittadelimon

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