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Sábado, 18 Junio 2016 13:01

Maga en Live the Roof Barcelona

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Hay domingos, y ¡DOMINGOS! Así, en mayúsculas. Porque hay domingos que sabes que sí o sí van a ser especiales, y el pasado, era uno de esos. ¿El motivo? Inaugurábamos nueva temporada del #43LiveTheRoof en el Ayre Hotel Rosellón de Barcelona y lo hacíamos (además de luciendo el cartel de sold out), nada más y nada menos, que con la actuación de la banda sevillana Maga.

Pasaban escasos cinco minutos de las siete y media de la tarde cuando Miguel Rivera y César Díaz (componentes de Maga) salían a escena para interpretar muchos de los temas que han formado parte de estos 15 años de carrera. Con la Sagrada Familia como testigo y Barcelona a nuestros pies, arrancaban los primeros acordes de ‘El ruido que me sigue siempre’.


Decir a estas alturas que, posiblemente, el concierto de Maga es y será el mejor que ha pasado por nuestras azoteas es, quizá, un tanto arriesgado, pero si algo es seguro, es que, pase lo que pase, a muchos nos costará olvidarlo.

Cerca de dos horas duró el concierto, tiempo suficiente para que Miguel Rivera nos hablara de su especial relación con el mar al ritmo de ‘El último mar’. Tiempo para recuperar antiguas canciones como ‘Crujidos de reloj’ o ‘Blanco sobre blanco’. Tiempo para reír, emocionarnos, recordar viejos amigos, días de luto y algún que otro desamor. Tiempo para erizarnos la piel a golpe de ‘El Cristal por dentro’ antes de tomarse un descanso con ‘Medusa’.

Miguel regresaba sólo de la pausa para ironizar sobre las letras de Maga, imaginamos, que cómo forma de allanar el terreno antes de rompernos por dentro con su recién bautizada “trilogía del despecho” formada por ‘Al dictado’, ‘Vacaciones en un minuto’ y ‘Rompe el reloj’. Y aunque confesaba que, con el tiempo, ciertas cosas todavía duelen, todavía sacó fuerzas para, acompañado de nuevo por César, interpretar ‘Intentos de color’, ‘Agosto esquimal’, ‘Silencio’ (que dedicó a su amigo Ramón Rodríguez) y ‘Diecinueve’. Y entre canción y canción hubo palmas, y algún tímido zapateo, voces que, poco a poco, iban creciendo en los estribillos. Hubo bailes, risas y emociones a flor de piel. Pero si hubo algo, por encima de todo, fue esa conexión músico-público que pocas veces se da de forma tan intensa. Quizá por la cercanía de tenerlos tocando a tan solo unos centímetros, quizá por la magia de las vistas, quizá porque simplemente tenía que suceder así.

Y cuando creíamos que el concierto había terminado, Miguel y César volvieron al escenario a regalarnos unos últimos bises que ya pocos esperábamos. Y ahí sí que hubo nervios, emociones, nudos en la garganta e incluso alguna lágrima mal disimulada. Porque nadie se resiste al imán de ‘Azul cabeza abajo’. Y menos aún a ‘Piedraluna’ o ‘Astrolabios’. Y así, llegábamos al final de una tarde inolvidable, despidiendo a estos dos magos de la música como se despide a los grandes: de pie, rotos en aplausos y ovaciones que, visiblemente emocionados, recogieron con humildad y agradecimiento. ¡Gracias, Maga, de corazón, por semejante regalo!

Por Bitta, @SorBittadelimon

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