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Miércoles, 23 Marzo 2016 12:23

El efecto “Ganglio” en Sala X

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Amigos, el punk ha vuelto. Y además desde el corazón de las Vegas Bajas de Extremadura. Días después de que el hijo de Vivienne Westwood anunciara que quemará más de 6 millones de euros en merchandising por el 40 aniversario del movimiento, como una señal premonitoria, Los Ganglios, la banda más gamberra de la escena española, montaban su feria ambulante en la Sala X.

Ese género que algunos gustan en llamar de forma redundante “bizarro” (¿de qué otra forma podía ser?) congregó a numerosos adeptos que, antes del concierto, arremolinados en la puerta, proferían “LOL”, “un rayuki”, “Caudillo amarillo” y demás jerga que la banda ya ha convertido en código entre los más acérrimos. También ha logrado clavar el espíritu de un género que bebe de temas cortos, directos, estribillos pegajosos e irreverencia a saco. El efecto Ganglio es, efectivamente, devastador. Y asquerosamente divertido.

Por ello, no puede pasarte nada peor que tener que describir uno de sus shows. Lo bueno, como todo en la vida, es gozarlo. Desde aquel primer “Mimetic Motherfucker”, que arrancó con improperios y los brazos en alto, no hubo posibilidad de escapar. Las peroratas de su frontman, Xoxé Tétano, se intercalaban con el pogo de “Las fiestas del Molino” (su premio), la unanimidad de “La cumbia de Jacques y Félix”, “Hay” (que estuvo machacándome los sesos hasta el día siguiente) o “Badajoz 2222”. Los sevillanos nos las sabíamos todas.

Aunque es irrelevante si no conoces ni una letra porque las insólitas proyecciones que amenizaron el concierto incluían también el modo karaoke. Hubo espacio para protestar por el gramaje de las papeletas, reinventar el logo de Carrefour para justificar “El Emblema” y preguntarse si eres “jipi, punky o mod”. Los más entusiastas siempre agradecemos “El Regalo” traído desde Zaragoza y que enseñaran una nueva, “Vivencias”, además de una versión de Eskorbuto y andar a vueltas con los buitres negros.

Se le van continuamente a uno los ojos para Rafa Filete en “Babieca”, digno compañero a la guitarra y voces de las fechorías de Tétano con teclado y sirena. Mariana Scaravilli sustituye a Leli Loro con buen paso y completa el cuadro surrealista que vivió sus cotas más altas con “Viejo sátiro hipertenso”. El humor tosco y adictivo no desmerece el ingenio de una de las propuestas más originales y satíricas del panorama actual. Si sois hombres de poca fe y necesitáis una prueba empírica, llevad a alguien que no los conozca a uno de sus conciertos y observad la reacción.

Especialmente, si el final del show se lo disputan dos de sus éxitos: “Color de Rosa” y “El subiduki”. Con la sala del revés, se subió al escenario La Antonia Pincha para devolvernos los hits de instituto, esta vez sin los complejos que nos evitaban bailarlos por aquella época. Luego se encargó Tétano de redondear una noche de efectos secundarios adversos. A la mañana siguiente sólo nos quedó un pesar del que Los Ganglios son los únicos culpables. Seguro que ya lo habréis imaginado pero no por ello es menos cierto aquello de que “al final, no follamos al final”.

 

 

 

Por Elena Gato

Fotos: Mr. Hipérbole

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