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Martes, 18 Agosto 2015 13:14

Pablo Und Destruktion + Crudo Pimento en Nocturama “Pendiente de pago”

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Siempre he pensado que la expresión “merece la pena” no es del todo correcta. Las cosas deben valer la pena pero sobre todo, la alegría. También deben merecer la locura, esa condición tan bendita como innata en el ser humano, al igual que la cordura. Deben conjugar lo áspero de lo cotidiano con la contundencia de lo extraordinario. Para escuchar la cara A de la cinta de la vida hay que pasar también por la B. No hay otra. Después del pasado jueves en Nocturama podemos afirmar que nuestro protagonista, Pablo Und Destruktion, probablemente ha atravesado alguna vez por esos estados o circunstancias. O quizás por todos ellos al mismo tiempo. Y que, efectivamente, su directo lo refleja y la experiencia es el premio.

Se me viene a la cabeza una noche el año pasado, la de Adanowsky, en la que sucedió algo similar. Audiencia comedida para un nombre poco coreado por estos lares y ¡badaboom!, el descubrimiento del verano. Aunque si hemos de ser sinceros, los sones de Pablo llevaban ya tiempo copando nuestro Spotify y verlo entre los nombres seleccionados por el ciclo fue motivo de alegría desmedida. En cualquier caso, nada comparable con el cara a cara y la contundente presencia del asturiano sobre las tablas del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Toda una revelación.

Se paseaba por el escenario como un felino enjaulado a eso de las 22.30 mientras su Tribu del Trueno creaba al ambiente propicio entre notas disonantes. Fue tocándolos uno a uno, se diría que contagiándolos, antes de colgarse la guitarra y dejar salir esa voz grave marca de la casa. “Los días nos tragarán” abrió potente y armónica su recital de miserias y maravillas. “Buenas noches” y bases electrónicas para la rapsodia siniestra de “El aire puro”, de su segundo trabajo, Sangrín (“Pero en vez de salir a respirar el aire puro/yo salí a disolverme” ). El violín de una descalza Sara Muñiz acentúa el énfasis de todo el lirismo que sale de ese señor con bigote que, de repente, se marca una tonada mientras se solucionan algunos problemas técnicos, pide un “chupitín” y recuerda que al fondo podemos comprar un “vinilín”.

Improvisaciones aparte, el componente regional forma parte del encanto decadente de Pablo e impregna la mayoría de sus cortes con un intenso olor a prado verde. Se pone de manifiesto en “Mis animales” o en la instrumentación de “Ganas de arder” y el comienzo de “Animal con parachoques”. A toda leche sonó la rabia envuelta en distorsión de “Pierde los dientes España” y siguió rugiendo enganchada esa maravilla que es “Leona”, con Pablo doliéndose de los zarpazos. Otra grande, “Limonov, desde Asturias al infierno”, suena roja con más de un camarada coreando “la vida moderna es...” entre las primeras filas.

De Funeral de Estado escogió “La paz de los justos” y su narración apocalíptica al son del bombo. El nihilismo de “Powder” se transforma en canción protesta incendiado por los gritos iracundos de “Por cada rayo que cae”. Y válgame dios que le dan a una ganas de quemar las naves. Todas ellas. Pablo for president.

Llegados a este extremo la noche se sale de los contornos.¡Spoiler!, cambio de registro y traslado a la película de serie B que es el “Busero español”. Si atendemos a la atmósfera que transmite el corte, uno comprende perfectamente los desvaríos de un Pablo que acaba sin camisa ni zapatos y salta del escenario. Mezclado entre los presentes mientras te canta a un palmo aquello de “puedo sentirme unido tan profundamente a todos vosotros”.

Colocado de espaldas y más recompuesto afronta el final de una velada que se dio el lujo de terminar sin uno de sus temas más coreados, “La vida es hermosa”, pero que tampoco extrañamos demasiado. Y es que la gaita de “Califato” acabó de desarmarnos para que el Rey Pelayo, al que nadie quiere, diera el tiro de gracia después del Padrenuestro. No era, desde luego, el final esperado porque lo cierto es que no queríamos que llegara el final y generando, inmediatamente, una cuenta mental. De ahí que su nombre figure en nuestra lista particular de débitos pendientes, a saldar con esa Asturias noble y rebelde.

Y por si aún la noche no se había deformado bastante, el aftershow de Crudo Pimento acabó de darle el toque daliniano. Con acento murciano e instrumentos marcianos el dúo desplegó un catálogo inclasificable de composiciones que, a su vez, mezclan géneros variopintos en una combinación curiosa e hipnótica. “El black metal del Delta del Segura” bromeó Raúl Frutos. Indiscutible, desde luego, su talento y sobre todo su técnica, con una voz versátil y a prueba de bomba a la que aún oímos repitiendo aquello que decía su sobrino de “Aquí, allí, gato”

 

Por Elena Gato
Fotos: Rafael Marchena @MrHiperbole

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