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Lunes, 10 Agosto 2015 10:24

Guadalupe Plata + Surrounders en Nocturama: “Sabor metálico”

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Noche de inauguraciones, de encuentros, saludos, caras conocidas y, sobre todo, noche de sabor a metal. Una alteración del sentido del gusto similar a la que deja en la boca la sangre. Esa que tiñe de rojo el último álbum de Guadalupe Plata y la misma que incendió el escenario cuando arrancó la fiesta, con una puntualidad británica, a las 22.30 hora del infierno.

Los de Úbeda regresaban a la ciudad que vio nacer su gira, a la que regalaron el estreno de su tercer largo y con entrada gratis. Desde entonces, su nombre se escucha cada vez en más bocas y la fama les hace de tarjeta de presentación. Como muestra, el aforo espléndido que presentaba el jueves el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

Casi tímida comenzó a sonar Tormenta, el primero de los cortes de la noche. “Se aproxima tormenta, un tornado me acecha” cantaba Pedro de Dios y no le faltaba razón. El aire que se respiraba (metafóricamente hablando, porque no se movía una hoja) era de precedente, de víspera de algo grande, de promesas que se van a cumplir. Y volvieron a hacerlo.

El trío dio una lección magistral de lírica blusera con alma de interior. Paco Luis Martos sacó sonidos imposibles de unpalo hincado en un barreño y Pedro exprimió una Fender Jaguar que suena enorme en registros infinitos hasta hacerla hablar. Por no mencionar el swing continuo e impenitente a la batería de Carlos Barrena. Estos demonios con nombre de virgen han sido bendecidos para decorar la escena con el ambiente asfixiante de una película de terror aún por rodar.

Su show está marcado por una estructura desordenada, incendiaria e hipnótica a partes iguales. Fueron enlazándose sin descanso el "Boogie de la muerte", el rock & roll de “Mecha corta”, “Huele a rata”, “Gatito” o “Jesús está llorando”. Guadalupe Plata no necesita más de tres exclamaciones para construir un discurso de polvo y huesos. Es más, le vale con una canción infantil (“Calle 24”) que, dicho sea de paso, siempre ha sido un poco macabra.

Como transportados a un tugurio de estraperlo lucieron las raíces de un blues eléctrico y húmedo que impide mantener los pies quietos. Sin guión establecido, dejándose llevar por una acusada complicidad puesta de manifiesto en la unicidad de la melodía. Los aullidos de Perico, con la camisa pegada al pecho, enfrentaron un final imprevisto que llegó con “Habichuelas del oeste”; sucia y oscura, profunda y desconcertante. A las doce clavadas, primer y último “buenas noches” de la banda y fin del descenso a los infiernos.

Para darnos un poco de aire llegaron Surrounders al aftershow de Nocturama. Conjurados justo en el otro extremo del patio, la formación sevillana encabezada por el virtuoso Manuel R. Dastis trasladó la localización del ambiente a cualquier parte de Kentucky. Con la ramita de paja en la comisura y el peto de granjero de las montañas, bailamos enlazando los brazos con el bluegrass de un conjunto de calidad sin aspavientos que no dio tregua ni un segundo.

Excelente comienzo, en definitiva, para un ciclo al que aún le quedan muchas cartas por mostrar. En esta primera mano y con el mordisco metálico ya clavado en la carne, miramos con ojos libidinosos todo lo que aún está por venir. Bienvenidos, ajenos y extraños, al nuevo país de agosto.


Por Elena Gato
Fotos: MrHipérbole

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