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Viernes, 23 Marzo 2012 10:30

Grupo de expertos Solynieve: Se ve que hay calidad

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De viaje por el Sur pasando por la Ruta 66. Seseando por eléctricos paisajes de blancas casas, calles estrechas y playas de arena blanca. Siesta, sangría, y pausa. Amor, acción social y dolor. Mientras, la furgoneta llena de especialistas: Logística, lírica y chispa. Una formación de lujo y perfectamente equilibrada. Al volante, J y Manu, expertos en desarmarnos con argumentos de trazo grueso y profundidad demoledora. La electricidad versátil y puntillosa de Víctor Lapido. Y marcando el paso, Miguel y Antonio, una sección rítmica discreta pero muy efectiva, Gram Parsons y The Byrds. Kiko Veneno y la cultura popular. Claro y meridiano.

El álbum se abre con ritmo solemne y una declaración de principios. Épica granaína marca de la casa.
Sin
duda, un sueño del que los chicos estarían encantados de despertar (“Nos querían decir como pensar, nos querían vestir a todos igual, pero una maldición sobre ellos caerá”). A partir de ahí se despliega el universo Solynieve. Piezas pop de costumbrismo andaluz envueltas en un lustroso papel de folklore americano (“Dime que tengo que hacer para no volverme loco, que por la noche no duermo y por el día tampoco “).
Dardos
lanzados como caramelos donde sosegadas voces esconden una mirada directa (“Rebuscando en los contenedores los nuevos pobres, que hace poco eran los nuevos ricos”) y crítica (“Como puede ser que baje el entusiasmo y suba el interés“) de la sociedad actual.
Letras que dibujan disidencia desde la calle (“Si no
podemos gritar tienen que oírnos, óyenos gritar “).
Más andaluces que nunca (“Si no es pa tanto ya estamos
tardando, tanta polla pa ná“). En su fraseo, en su actitud (“Me están calentando… Y se van a quemar”) y en su sarcasmo (“Lo primero en lo que pienso es donde estaba la escopeta por si tengo que empezar a dispara, pero luego me arrepiento y les doy lo que me queda como prueba de mi generosidad“).
El amor (o debería ser el
desamor) como sonido de fondo, metáfora para disfrazar (o confundir) la sensación de que no todo va bien (“Y los amantes pasan, pero amigos de verdad yo los puedo contar con un dedo”).
Y la emoción del desahogo se
percibe. El ritmo va disminuyendo. Los deberes hechos para terminar con una preciosa nana heredera de los muros eléctricos del Refugio Antiaéreo. EFECTIVAMENTE, NO HA IDO BIEN (“Si la ves por ahí en algún sitio, le dices que sigo aquí, esperando que vuelva conmigo”).

Quizá “La Reina de Inglaterra” nos confundiera.

 

Por Gustavo Martínez "Planetario"

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