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Jueves, 25 Septiembre 2014 10:05

Festival’ERA: el festival al que querrás volver

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Empezaré esta crónica haciéndole una advertencia al lector: si lo que vienes buscando es la típica crónica al uso, de esas de “primero tocó tal y luego tal otro y este fue el setlist y bla bla bla” estás en el lugar equivocado. Lo que voy a relatar en los siguientes parágrafos es mi experiencia en el Festival’ERA, y no tiene nada que ver con la experiencia de un festivalero al uso. Os pondré en situación… Descubrí el Festival’ERA (Festival rural de música alternativa i electrónica) en su pasada edición (2013) por una amiga, que resulta que es muy fan de Mendetz, que se enteró que tocaban en un festival en Llagostera y que, no sé cómo acabó convenciéndome para ir.  Más tarde  nos enteramos que buscaban gente para trabajar de staff, y que pagaban. Y como éramos pobres como ratas pues allí que nos plantamos dispuestas a lo que hiciera falta. Y resultó que la experiencia fue genial. Nos enamoramos del festival, nos enamoramos del sitio/recinto dónde se celebra (la masía de Can Gascons), de los muchos barbudos que pueblan aquellos verdes prados y hasta de la organización. Así que este año, cuando nos propusieron volver a formar parte de esta experiencia dijimos que sí. Y nos fuimos de voluntarias, sin cobrar, ¡porque somos más majas que las pesetas! (y porque queríamos terminar la noche bailando borrachas de madrugada, no nos engañemos).

Llegamos a Llagostera el viernes por la noche cargadas con nuestras Quechuas, mochilas y equipo de supervivencia básico dispuestas a plantar nuestro campamento base en la zona habilitada para la acampada. Reconozco que la primera impresión no fue lo que se dice buena. El número total de tiendas a esas horas ascendía a unas cinco, máximo seis. Todas ellas plantadas en mitad del bosque, a oscuras, rodeadas del más absoluto silencio, de la nada y de millones de mosquitos e insectos varios. En fin, que aquello parecía más el típico escenario de peli de terror donde un asesino en serie se dedica a cargarse a un grupo de adolescentes campistas que la acampada de un festival. Pero como no hay nada que nos pare, entre bromas y risas conseguimos instalarnos y bajar al pueblo. Una vez allí, la música de Anímic, la cerveza y el ron-cola se encargaron del resto. Terminados los conciertos en el pueblo la fiesta se trasladaba a un pequeño pub de la localidad. Allí, los festivaleros más tempraneros que, como nosotras, habían decidido unirse al sarao el viernes compartíamos nuestras primeras impresiones sobre el cartel, las inmediaciones del recinto y quién sobreviviría al ataque del asesino en serie. Todo en un ambiente distendido de dónde surgirían amistades de esas que duran a lo largo de todo el festival. Porque sí, el Festival’ERA tiene eso, es algo tan familiar que favorece las relaciones sociales entre todos los asistentes. Un poco como cuando de pequeño ibas de colonias y volvías a casa contándole a tus padres el montón de nuevos amigos que habías hecho durante las vacaciones sólo que, esta vez, con alcohol de por medio y sin que a la vuelta les des demasiados detalles de lo que has hecho o dejado de hacer…

El sábado amanecía soleado, y, de repente, lo que había sido el escenario de una peli mala de serie B se convertía en un paraje idílico. El bosque, los prados verdes de alrededor, el sonido de los pájaros… Vamos, que la acampada se convertía en nuestro pequeño oasis/refugio donde pasar las horas tumbadas tomando el sol hasta la hora de entrar en acción.

A las 16:00h. puntuales y enfundadas en nuestras camisetas Festival’ERA(s) mi compi y yo nos colábamos tras la barra para cumplir con nuestra misión asignada: emborrachar al público del festival. A lo largo de cinco horas nos dedicamos a tirar cañas (de cerveza, malpensados), servir copas y andar de aquí para allá atendiendo alpersonal. Cinco horas que pasaron como un suspiro debido a la magia que desprende este festival. Y es que cuando compartes una experiencia así con un equipo con ganas de trabajar, conocer gente y pasarlo bien nada puede salir mal. Si a eso, además, le añades una BSO a cargo de Johnny Quid, I Am Dive o Cuchillo el resultado no puede ser mejor. ¿Y qué haces cuando a mitad del festival te sorprende un chaparrón inesperado? Pues muy sencillo: coges un par de altavoces, los montas dentro de la barra y le pides a Corrientes Circulares DJs que se marque una sesión de esas que ponen a bailar hasta a los muertos. ¡Sí señor! Y es que la rápida reacción de la organización hizo que ni el mismísimo diluvio que cayó sobre los prados de Can Gascons apagara la música y frenara el desarrollo del festival. ¡Chapó por ellos!

Nos consta (por lo que vivimos en la anterior edición y por lo que nos chivó en esta alguien que se acercó a la barra) que ver el atardecer desde el escenario “Roures” es otro de los momentos más mágicos del festival. Nosotras, en cambio, nos conformarnos este año con ver desde la barra a la gente disfrutar de los grupos que pasaban por el escenario ‘Era’, envidiar a aquellos que hacían la croqueta a lo largo y ancho del césped y bebernos alguna que otra cerveza a “escondidas” jijiji.

Salimos a tiempo de ver a Baths, el proyecto del estadounidense Will Wiesenfeld, del que nos habían hablado maravillas y que dejó boquiabierto a más de uno. Nos dejamos los pies y las caderas bailando al ritmo de We Are Standard, Lasers y BeGun. Y con Simian Mobile Disco y Djhonston, el Festival’ERA volvió a obrar su magia. Y es que a esas alturas, cuando el sol empieza a despuntar en ese horizonte que se te antoja tan lejano y la cerveza, el ron-cola y los chupitos de jäger son los encargados de tomar las decisiones por ti… te da todo igual. Da igual que no seas una amante de la electrónica (y mucho menos una entendida), da igual que en tu cabeza, desde hace rato, sólo suene “pom-pom-pom, chunda-chunda-chunda”, da igual que te duelan las rodillas, que no sientas los pies… la magia del Festival’ERA está dentro de ti y tú no puedes hacer nada para evitarlo. Vas a bailar hasta que se acabe la música, te echen del recinto y caigas rendida en tu Quechua prometiéndoles a tus amigas que el año que viene volveréis al Festival’ERA. Despertarás el domingo con sueño y resaca, te darás una última ducha de agua fría, recogerás tus cosas y volverás a casa queriendo agradecerles a Guillem, Cristian, Marc y Javi (los organizadores) que un año más te hayan dejado formar parte de su festival. ¡Nos vemos en 2015!

 

Por Bitta, @SorBittadelimon

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