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Viernes, 27 Junio 2014 13:42

Christina Rosenvinge, rock en el Palacio

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La madrileña dio un concierto privado en el espacio Manzana Mahou 330

Cuando una llega al nuevo espacio Manzana Mahou 330 (situado en el Palacio de Santa Bárbara), a una sala llena de graffitis con valor muy superior al de un sueldo, con  suelo de madera antigua y espejos barrocos, lo que menos se espera es un artista de los ’80. Cuando entré a la sala, me recibieron un piano, una maraca, una pequeña pandereta y un cello. No había ninguna pista que nos chivase quién podía dar el concierto que estábamos esperando. Era la noche en la que los Stones tocaban en Madrid, y todos necesitábamos algo bueno que nos quitase un poco el disgusto de no poder estar viendo a los viejos rockeros.

Y, de repente, llegó ella, con su eterno pacto con el diablo: melena rubia, vaqueros ajustados, botines de cuero, camisa de cuadros y esa cara de niña que le sigue acompañando pese al paso del tiempo. Christina Rosenvinge es una maravilla para la vista y el oído.

Decidió comenzar el recital, en el que estuvo en todo momento acompañada por Aurora Aroca y su exquisitez instrumental, con Jorge y yo. Tras éste, interpretó una versión a guitarra y cello de Mil Pedazos, canción muy inteligentemente reinventada por Rosenvinge, que se aleja de aquel single que, como ella reconoce, le dejó de gustar durante mucho tiempo.

Rompió el ambiente lento con el maravilloso riff de blues que impregnó la atmósfera cuando llegó Negro Cinturón, nacida para el acústico. Este tema, inspirado en esas parejas de Malasaña que hacen a los viandantes preguntarse por qué y cómo llegaron a estar juntas, marcó una pausa antes de volver a ese rock de Christina, ese de bar destartalado de lejano oeste. Alguien Tendrá la Culpa contó con el sonido de una pequeña pandereta de cascabeles que, como no podía ser de otra manera, Rosenvinge movía con el ritmo de su botín motero de cuero.

Dentro de los temas de Tu Labio Superior también se encontraba Las Horas, dominada por unos arpegios tocados con una púa especial, siempre cuidando el sonido. Cambiando de LP, una de esas canciones que podrían ser banda sonora del far west americano fue Tu Sombra, de La Vieja Dolores. Imposible que no te venga la imagen de una Christina, con la misma indumentaria pero con sombrero de cuero añadido, haciéndose la dueña del desierto.

La Distancia Adecuada, tema que según la propia artista hizo a tres personas darse por aludidas (ya se sabe la cantidad de ríos de tinta que corrieron en la zona más rosa de la prensa musical tras publicarse Tu Labio Superior), sería el siguiente tema y el último de Christina en la guitarra. Su cambio al piano, con el que nos regaló Alta Tensión, oscureció de repente el ambiente. Esa aura tenebrosa nos dejó el alma revuelta con la última canción del concierto, Tok Tok.

¿Lo mejor del concierto? La sorpresa que supone Christina en acústico y en directo. Es un animal de escenario, con una calidad vocal increíble y un muy buen gusto instrumental. Y recordar canciones que sonaban por casa en vinilos hace más de 20 años cuando yo era muy, muy pequeña.

¿Lo peor? Quizá la luz roja de ambiente, que mermó mucho la calidad de las fotografías.

Y quiero terminar con una reflexión: yo fui la primera que me volví “muy de Regina Spektor” y de sus canciones hechas improvisación. Ahora, una vez más, he descubierto que lo mejor lo tenemos en casa: Christina Rosenvinge no solo la iguala, sino que le da mil vueltas. Merece la pena  darle una nueva escucha a sus últimos discos y aprovechar el privilegio que supone verla en directo. No defrauda.

 

@sarapanizo

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