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Lunes, 02 Junio 2014 10:31

Cambiarlo todo para que nada cambie

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Vetusta Morla presentaba en la capital su último disco, ‘La Deriva’. Repasamos la segunda de sus tres fechas en La Riviera.

Vetusta Morla llevaba poco más de un mes girando con su nuevo trabajo, ‘La Deriva’. Ya habían sonado en algunas salas del país, pero quedaba ese enorme reto que es presentar el proyecto delante de los de siempre, los de casa. Aunque esos de siempre sean miles de personas que no dudaron en comprar las entradas sin haber oído siquiera el disco seis meses antes, agotando tres fechas en Madrid (29, 30 y 31 de mayo). Después de tanto tiempo sin encontrarse, todo podía haber cambiado. Todo podía ser distinto. Sin embargo, lo esencial nunca cambia.

Con este panorama, los chicos de Vetusta Morla se presentaron ante una Riviera abarrotada por segundo día consecutivo.  Estaban precedidos por un grupo amigo, los mexicanos Zoé, quienes abrieron la noche con un público que tenía ganas de corear clásicos y nuevos temas. Zoé no era un telonero, Zoé funcionaba como la antesala perfecta.

Apareció Pucho, al principio escasamente iluminado, con numerosos timbales que fueron machacados como rito iniciático hacia ‘La Deriva’, el disco, pero también hacia la canción, como apertura. Y así, sin tregua, se lanzaron las primeras canciones del concierto, todas del tercer álbum. Fue ‘Lo que te hace grande’, single de la banda perteneciente al segundo disco, la encargada de romper esa hegemonía.  Le seguía, ‘Un día en el mundo’, del primero, y la canción toma un cariz mucho más rítmico que en su versión original, presagiando un cambio de sonido adaptado al que la banda ha trabajado para el último CD. También ocurrirá con ‘La cuadratura del círculo’ con ‘Sálvese quien pueda’.

Así fueron cayendo una a una las doce canciones de ‘La Deriva’. Sonaron todas y cada una de ellas, y Pucho les daba auténtica vida, con su voz y su carismática expresión corporal. Pucho movía los brazos como un pájaro, adoptaba poses propias de película de terror, palmeaba, saltaba y bailaba hasta que no quedase ni un solo compás por interpretar.

El público se estremece al identificar ‘Maldita Dulzura’, del segundo CD, del que también recuperan ‘Mapas’. Pucho presenta la siguiente canción, ‘¡Alto!’ dedicándola a aquellas personas afectadas por las hipotecas: “Dedicada a todas las lágrimas que no caen de sus ojos”. Cada tema viene preparado con una proyección detrás, que ambienta la escena de forma especial. Una serie de paneles luminosos coronan a los músicos. Las luces cenitales proporcionan un envolvente juego de claros y sombras.

Al sexteto se le une un miembro más, Edu Ortega, quien se arma con su violín para dar un aire aún más melódico al clásico ‘Copenhague’. No fue el único cambio entre los temas antiguos. ‘Valiente’ empieza suave primero, haciendo presagiar una versión acústica. La música para y rompe con toda la energía original que acompaña al tema.

Hasta dos veces juegan a entrar y salir de escenario en forma de bises. El primero cierra con ‘El hombre del saco’ con toda la fuerza que caracteriza al tema, el cual sirve de colchón para presentar al equipo técnico y para lanzar un speech sobre el concepto de deriva: “Hay derivas sociales, políticas, emocionales, económicas, sentimentales, educaciones, conyugales, sexuales. Derivas para cada uno de nosotros. Nos hace falta solidaridad, hay que soltarlo todo. Nada será como antes. Estamos transformándonos. Hay que volar y arriesgar sin miedo. Recordad: Hay esperanza en la deriva.” Así sentenciaba el vocalista de una banda que ha firmado su trabajo más político y crítico con este tercer disco.

La segunda de las noches en la Riviera cerraba con ‘Los días raros’, despidiendo una de sus tres noches en Madrid. Pero vendrán muchas más, y no es hablar por hablar, ya que a estas tres fechas se le suman otras dos más en el mes de junio, los días 20 y 21. Pero, por supuesto, también están agotadas desde hace meses.

Algo ha cambiado en Vetusta Morla, todo ha madurado desde el último adiós: los directos, la actitud, la voz, la instrumentación… Parece que cada regreso es distinto, y que nada ha cambiado en el grupo… aunque haya algo que lo haga parecer diferente. Tal vez sea cosa de la deriva.

Fotos y texto: Noelia Salcedo @misitinerarios

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