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Lunes, 14 Octubre 2013 16:40

El Kanka: trío en Sala Clamores

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21:00h, y la Sala Clamores tenía en su puerta una cola que daba la vuelta por calle Palafox. Gente de todas las edades se amontonaban nerviosos con sus entradas para dar una última vuelta a Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, primer disco del malagueño Juan Gómez “El Kanka”. De lo que el ansioso público no se percataba era que los artistas estaban más nerviosos que ellos. Despedir a su primer “hijo” costaba, y más en una sala de tal categoría.

21:30h. Luces apagadas, gente que no dejaba de entrar, fotógrafos que se colocaban estratégicamente… Todo listo, pero la gente seguía entrando, para dar comienzo a una fiesta con apellido ovación. Gritos, ‘Vivas’, ‘Oles’ y un aplauso que tardó en acabar, abrieron paso a Por matar un gato solemne y a tres voces. Sí, a tres voces. Porque para esta ocasión, El Kanka decidió rodearse de buena gente y mejores amigos. El de su derecha, como no podía faltar, Manin, su fiel escudero y –como dice entre risas- marido inseparable. Percusiones, coros, canciones propias… Pocos son los palos que no toca El Manin. Y a su izquierda, una nueva incorporación para los conciertos fin de gira: Álvaro Ruíz. Guitarrista desde que alcanza a ponerse de pie, este sevillano de veintipocos años eclipsa a todo aquel que lo vea tocar. Sones cubanos, tumbao, rumba, reggae, tango, cumbia… cualquier género le parece fácil de acompañar. Adereza las canciones como pocos, sacándole todo el jugo a la guitarra, y fue –para opinión de todos- el complemento perfecto en este ya consagrado dúo.

El Kanka sabe lo que es ganarse al público de una manera natural. Nos instó a hacer de la libertad nuestra aliada con No jodan la marrana, pasar de las restricciones alimenticias con A dieta de dietas, le cantó al no arrepentimiento con su Confesión y al amor y sus consecuencias en Canela en rama, que el público cantó y aplaudió con ganas. Tampoco falta humor sano en sus conciertos, y por ello cantó a los que hubieran sido en su vida perdedores, con su salero particular y una pizca de frikismo, recordando la serie de 1965 “Los autos locos” y a su malvado Pierre Nodoyuna en un idílico día de suerte.


No le faltaban amigos a su alrededor, pues además de El Manin y Álvaro Ruíz, nos dejó disfrutar de Víctor Lemes, que nos presentó su Análisis estructural de una canción comercial, arrancando las carcajadas de los presentes.

También hubo tiempo de ponerse serios, y antes de que pudiéramos seguir disfrutando de sus acompañantes, El Kanka nos hizo reflexionar sobre el tiempo y sus desastres con Todo pasará. El Manin nos cantó tres de sus canciones: Tururú trabaja tú, Pero hay un momento, La bulería del banquero. Álvaro Ruíz y Alberto Leal nos cantaron su Raggae Rutinario y ya el concierto iba llegando a su fin.

Para terminar, los temazos del disco: Qué bello es vivir, Refunk, Señales de humo y un Lo mal que estoy y lo poco que me quejo que no esperaban que el público cantara de forma íntegra y con sus gargantas a full. Sólo nos quedaría por disfrutar de Tarde, Rin rin, y dos bulerías con las que nos tienen acostumbrados para el final: El Pichi + Bulería del Onanista. En definitiva: un con-cier-ta-zo. No se nos ocurre describirlo con otras palabras, porque no existen tales.

Le deseamos toda la suerte del mundo en los siguientes conciertos de despedida, y que las ganas y el entusiasmo con los que estrenó sus 31 otoños no hagan más que elevarse como él nos eleva a nosotros.

Virginia Montaño / @hipot3nusa

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